Sebastián, J. B., Esteva, A. P., Gonçalves, A. G., Janer, G. M. Finisterra, LXI(131), 2026, e42332
alumnado. En primer lugar, el tamaño superficial del territorio no mostró una relación estadísticamente
significativa con la distancia de error, lo que sugiere que la extensión de un país no garantiza una mejor
localización relativa. No obstante, se observó que las unidades territoriales más grandes presentan, en general,
porcentajes de acierto más elevados, lo que indica que su prominencia visual en los mapas puede facilitar su
identificación. Esta ausencia de correlación contradice parcialmente la hipótesis inicial, que asumía que los
países de gran tamaño serían más fáciles de ubicar. En todo caso, parece confirmarse que las regiones
extensas son más reconocibles que las pequeñas, idea respaldada también por estudios previos sobre
conocimientos espaciales y mapas mentales (Torrens, 2001; Thomas & Willinsky, 1999).
Por el contrario, la proximidad latitudinal respecto a la ubicación del alumnado (Mallorca) mostró una
correlación positiva y significativa. Este hallazgo confirma que los países situados en latitudes similares al
Mediterráneo son identificados con menor margen de error, mientras que aquellos ubicados en latitudes muy
diferentes –especialmente en el hemisferio sur, como Chile o Sudáfrica – presentan mayores dificultades de
localización. La distancia longitudinal, en cambio, no evidenció una relación estadísticamente significativa,
por lo que el eje Este-Oeste parece tener un peso menor en la orientación mental de los estudiantes. Battersby
y Montello (2009), en su estudio sobre la influencia de las proyecciones cartográficas en la construcción de
mapas cognitivos, afirmaban que la proyección no influye significativamente en la estimación de superficies.
Sin embargo, los resultados de este estudio matizan esa afirmación, sugiriendo que las proyecciones podrían
afectar la capacidad de localizar elementos, al menos en cuanto a la percepción de la latitud.
Más allá de las correlaciones cuantitativas, emergen factores cualitativos que ayudan a explicar los
patrones observados. Se aprecia un marcado sesgo eurocéntrico en la representación espacial: los países
europeos o próximos al Mediterráneo tienden a ser localizados con mayor precisión, en consonancia con
estudios previos sobre la influencia del currículo y los materiales escolares en la percepción del mundo (Dal,
2008). Asimismo, la presencia mediática parece jugar un papel relevante (Torrens, 2001), como ejemplifica
el caso de Ucrania, cuya centralidad en la agenda informativa reciente coincide con altos niveles de acierto
en su ubicación. También el perfil geográfico influye en la facilidad de reconocimiento: los países insulares
o con contornos costeros definidos (Italia, Japón) resultan más fáciles de ubicar que aquellos interiores o con
fronteras complejas (Austria, República Democrática del Congo), fenómeno conocido como “efecto borde”
(Verdi & Kulhavy, 2002). La fragmentación territorial, característica de archipiélagos o regiones con
fronteras poco estables (Indonesia, Sudeste Asiático), incrementa la dificultad de localización.
El análisis comparativo entre el sistema tradicional de aciertos/errores y la métrica relativa de distancia
de error revela diferencias sustanciales en la interpretación de la mejora del PLK. Mientras el método binario
refleja un aumento absoluto en respuestas correctas, la distancia de error ofrece una visión más matizada al
evidenciar avances relativos incluso cuando la respuesta sigue siendo incorrecta. Así, la reducción media del
error de 5.140,16 km a 4.261,87 km entre quienes no realizaron una localización exacta refleja un progreso
relativo en la precisión espacial que el enfoque dicotómico no capta. Esta diferencia indica que, aunque no
se logre un acierto absoluto, la ubicación señalada tiende a aproximarse más a la posición correcta, sugiriendo
una mejora relativa en la comprensión espacial y la habilidad de orientación. No obstante, ambas métricas
no están linealmente correlacionadas, indicando que acertar exactamente y acercarse progresivamente a la
ubicación correcta son procesos relacionados pero distintos.
En relación con el impacto de la intervención didáctica, los análisis revelan un efecto heterogéneo
según el indicador utilizado. El ANOVA mixto aplicado a la variable tradicional (acierto/error) mostró una
mejora significativa en los resultados de los centros piloto. Sin embargo, al considerar la distancia de error,
no se observaron diferencias significativas atribuibles a la intervención, aunque ambos grupos
experimentaron mejoras generales. Estos resultados sugieren que las actividades diseñadas favorecieron
significativamente la capacidad del alumnado para localizar con exactitud las unidades territoriales, pero no
mejoraron suficientemente la precisión espacial en quienes fallaron.
Algunos autores destacan que el trabajo con mapas interrelacionados contribuye a mejorar el
aprendizaje en aspectos relacionados con la lectura, interpretación y análisis cartográfico (Gersmehl, 2023).
No obstante, probablemente, las tareas basadas en la comparación de mapas facilitaron más el reconocimiento
nominal y la memorización de ubicaciones que el desarrollo de habilidades espaciales profundas. Este
hallazgo refuerza la utilidad de la distancia de error como medida para captar progresos relativos que no
implican un acierto absoluto, aunque también pone de manifiesto la necesidad de implementar estrategias
didácticas más específicas y sostenidas para lograr una mejora sustantiva en la precisión espacial.
En definitiva, este estudio confirma que el empleo combinado de métricas absolutas (aciertos) y
relativas (distancia de error) en la evaluación del PLK no solo enriquece la interpretación de los resultados,
sino que también proporciona claves para el diseño de experiencias didácticas más efectivas, orientadas a
superar las limitaciones observadas y a consolidar aprendizajes significativos en torno a la orientación y la
localización en el espacio geográfico.
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